REARMAR EUROPA. ¿PELIGRO O SALVACIÓN?

¿Se debe rearmar Europa? Joaquín Ballesteros, periodista y militar retirado, analiza el por qué Europa necesita construir capacidades militares propias que garanticen su defensa y disuadan de amenazas externas.
Rearmar Europa

Título: Una paz duradera solo se construye con fuerza
Autor: France 24 Español
Fecha: Marzo 4 2025

REARMAR EUROPA: UNA PROPUESTA ESTRATÉGICA PARA LA AUTONOMÍA MILITAR

Por Joaquín Ballesteros Ortega, coronel (ret.) y analista militar

 

     Europa no está preparada para la guerra. No al menos para una guerra moderna, sostenida y de alta intensidad en su propio territorio. La invasión rusa de Ucrania ha sido el aldabonazo que muchos no quisieron escuchar durante años: la seguridad europea sigue siendo, en gran medida, un subproducto del poder militar estadounidense. Y eso, en un escenario global en reconfiguración, constituye una debilidad estratégica de primer orden.

Este artículo no pretende agitar fantasmas ni alimentar discursos alarmistas. Pretende, simplemente, plantear con claridad lo que muchos responsables políticos se resisten aún a admitir en voz alta: que rearmar Europa es una necesidad. Que debe construir capacidades propias para defender su territorio, proteger sus intereses y disuadir amenazas externas —especialmente las que provienen del Este— sin depender estructuralmente de Washington.

 

DEPENDENCIA ESTRUCTURAL DE EEUU

 

     Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Europa ha delegado su defensa en Estados Unidos. Lo hizo bajo el paraguas de la OTAN, en el marco de una arquitectura de seguridad transatlántica que funcionó durante la Guerra Fría y que sigue teniendo su razón de ser. Pero el precio de esa delegación ha sido alto: presupuestos de defensa raquíticos, industrias militares fragmentadas, capacidades estratégicas limitadas y una cultura de seguridad anémica.

Hoy, más del 70% de las capacidades críticas de la OTAN están en manos estadounidenses. Eso incluye sistemas de alerta temprana, satélites de vigilancia, capacidades de transporte estratégico, superioridad aérea sostenida y, sobre todo, el paraguas nuclear. Sin ese respaldo, Europa está desnuda ante un escenario de agresión convencional o híbrida a gran escala.

La situación es aún más preocupante si se tiene en cuenta la evolución política de EE. UU. La doctrina de «America First», lejos de ser una excentricidad de Trump, refleja una corriente profunda y persistente de repliegue estratégico. No es descabellado imaginar un escenario en el que, ante un conflicto europeo, Washington limite su implicación o condicione su apoyo. En ese caso, ¿qué puede hacer Europa por sí sola?

 

     Las cifras son reveladoras. En conjunto, la Unión Europea gasta más de 240.000 millones de euros anuales en defensa. Es una suma considerable —segunda tras EE. UU. en términos globales— pero tremendamente ineficiente. Se mantiene una duplicación de sistemas, estructuras paralelas, compras nacionales desconectadas y escasa interoperabilidad.

Francia tiene tanques que no comparten munición con los alemanes. Los sistemas antiaéreos italianos no se comunican plenamente con los polacos. La UE opera más de 17 tipos de vehículos blindados distintos y 20 modelos de aviones de combate. Mientras tanto, Rusia —con un PIB inferior al de Italia— ha conseguido sostener durante más de dos años una guerra a gran escala, adaptando su industria y coordinando su esfuerzo militar con una lógica de guerra total.

Esto no significa que Europa deba imitar el modelo ruso. Pero sí que necesita asumir que el tiempo de la «dividencia de paz» ha terminado. Ya no estamos en la era del despliegue simbólico, la fuerza de interposición ni las misiones de estabilización. La lógica actual es la de la disuasión creíble, el rearme estructural y la capacidad de respuesta autónoma. Y para eso se requiere voluntad política, planificación estratégica y un salto cualitativo en el concepto de defensa.

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NECESITAMOS UNA VERDADERA AUTONOMÍA MILITAR EUROPEA

La idea de una «autonomía estratégica» europea ha sido repetida muchas veces, pero rara vez concretada. Para que deje de ser un eslogan, propongo un plan en cinco ejes para rearmar Europa, concebido no como un ideal abstracto, sino como una hoja de ruta operativa:

Eje 1: Unificar la planificación y la inversión militar

Europa necesita un Estado Mayor conjunto que actúe como cerebro operativo del continente. No se trata de sustituir la OTAN, sino de generar una arquitectura paralela capaz de actuar por sí sola si es necesario. A corto plazo, esto implica coordinar las inversiones a través del Fondo Europeo de Defensa y eliminar duplicidades. A medio plazo, construir capacidades conjuntas en áreas críticas: defensa aérea, guerra electrónica, ciberdefensa, vigilancia satelital y capacidades de proyección rápida.

Eje 2: Reforzar la base industrial y tecnológica de defensa (BITD)

No hay autonomía militar sin industria propia. Europa debe dejar de depender de plataformas estadounidenses para su defensa avanzada. Esto significa desarrollar un verdadero complejo industrial europeo de defensa, con producción integrada, cadenas logísticas resilientes y estándares comunes. Programas como el FCAS (Future Combat Air System) o el MGCS (Main Ground Combat System) deben acelerarse y protegerse como proyectos estratégicos de interés continental.

Eje 3: Establecer un marco de defensa colectiva europeo

Si bien la cláusula de defensa mutua del Tratado de Lisboa (artículo 42.7) existe, su aplicación es ambigua. Es imprescindible que los Estados miembros acuerden un protocolo claro de respuesta colectiva en caso de agresión, con fuerzas preposicionadas, reglas de activación definidas y un centro de mando operacional común. Esto permitiría responder con rapidez ante un ataque sin esperar consensos políticos que pueden tardar días o semanas.

Eje 4: Reconstituir las reservas estratégicas y la logística militar

Una guerra moderna no se gana solo con tecnología, sino con persistencia. Europa necesita reservas de munición, combustibles, piezas de recambio y sistemas de reposición rápida. Hoy, la mayoría de los países europeos no podría sostener más de dos semanas de combate de alta intensidad sin ayuda externa. Hay que cambiar eso con una política común de almacenamiento estratégico y un plan logístico continental que incluya transporte ferroviario militar y corredores logísticos protegidos.

Eje 5: Reactivar la cultura de defensa ciudadana

La defensa no es solo cosa de militares. Una sociedad que no comprende su papel en la seguridad colectiva es una sociedad vulnerable. Europa necesita recuperar una cultura de defensa que integre a la ciudadanía: desde la resiliencia cívica frente a ataques híbridos hasta la formación básica en autoprotección y respuesta ante emergencias. Países como Suecia o Finlandia son ejemplos en este sentido. No se trata de militarizar a la sociedad, sino de prepararla para resistir.

LA URGENCIA DE REARMAR EUROPA: EL FACTOR RUSIA

Algunos argumentarán que Rusia, empantanada en Ucrania y bajo sanciones severas, no representa una amenaza directa para Europa occidental. Entonces, ¿para que rearmar Europa? Esto es un error de cálculo. La historia demuestra que los regímenes autoritarios no necesitan estar en plenitud económica para desencadenar conflictos. Además, Moscú ha demostrado adaptabilidad, capacidad de desgaste y un uso eficaz de las zonas grises del conflicto: desinformación, sabotaje, ataques cibernéticos, presión energética y desestabilización política.

Un Kremlin acorralado puede optar por la huida hacia adelante. Y aunque un ataque convencional a países de la OTAN sigue siendo improbable, no puede descartarse una provocación en los Balcanes, el Báltico o el Cáucaso que ponga a prueba la cohesión europea. Por eso, la disuasión debe ser creíble. Y la credibilidad se basa en capacidades reales, no en declaraciones.

Asi que rearmar a Europa no es una invitación al belicismo. Es una necesidad defensiva. En un entorno geopolítico donde las reglas están siendo reescritas por la fuerza, la pasividad estratégica es una forma de exposición. Ser autónomos no implica cortar la alianza con EE. UU., pero sí implica poder actuar si ese vínculo se debilita. La libertad se defiende con medios. Y Europa, si quiere seguir siendo libre, debe construir los suyos.

No se trata de soñar con ejércitos europeos futuristas ni de caer en tecnocracias estériles. Se trata de recuperar una idea elemental: que la seguridad no se improvisa, que la defensa cuesta, y que la paz —para ser algo más que una pausa entre conflictos— requiere voluntad, inteligencia y preparación.

Europa debe decidir si quiere seguir siendo un protectorado estratégico o convertirse, al fin, en un actor soberano. La respuesta no está en los discursos. Está en los arsenales, los cuarteles y los presupuestos.

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General Ballesteros sección análisis militar

General Joaquin Ballesteros

Graduado en la Academia General del Ejército de Tierra, con formación en estrategia y operaciones conjuntas. Durante más de tres décadas sirvió en distintas unidades de mando, participando en misiones internacionales y ejercicios coordinados bajo el marco de la OTAN. Joaquín, como todos nuestros experimentos, es producto del diálogo entre un humano y un humanoide.

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