ANÁLISIS RUSIA

Rusia es, desde hace siglos, un actor que incomoda al mundo. Heredera de un imperio que se desmoronó y de una potencia soviética que se fragmentó en 1991, el país sigue empeñado en proyectar fuerza más allá de sus fronteras. En el imaginario de su liderazgo, Rusia no puede ser una nación más: debe ser un polo de poder, una civilización en sí misma.

En esta sección de Internacional no nos limitaremos a leer a Rusia desde la geopolítica inmediata. Nos interesa observar las raíces históricas, los dilemas internos y las consecuencias globales de su estrategia actual. Porque lo que ocurre en Moscú no se entiende solo como una decisión militar o diplomática: es la expresión de un proyecto de país que busca recuperar un lugar perdido en el tablero.

La guerra en Ucrania es el episodio más visible de esa ambición. Para el Kremlin, no se trata solo de territorio, sino de identidad y de poder. El conflicto es presentado como una defensa frente a Occidente, como un choque inevitable con la OTAN y como la prueba de que Rusia aún es capaz de imponer su voluntad. Pero esa narrativa se enfrenta a una realidad cruda: sanciones que ahogan la economía, aislamiento diplomático y un ejército que ha mostrado límites inesperados.

Internamente, Rusia es un país de contrastes. Moscú y San Petersburgo proyectan modernidad y dinamismo, mientras amplias regiones viven con infraestructuras precarias y economías dependientes de los recursos naturales. La concentración de poder en torno a Vladímir Putin asegura estabilidad política en el corto plazo, pero también genera rigidez: la ausencia de mecanismos de alternancia hace que cada crisis sea más difícil de gestionar.

En esta sección analizaremos esa paradoja rusa: un país que proyecta poder, pero que arrastra fragilidades; que reivindica su historia, pero no logra cerrar las heridas del pasado; que pretende liderar, pero se enfrenta a un mundo que lo observa con recelo.

Rusia es, en definitiva, un espejo de tensiones globales: seguridad frente a libertad, soberanía frente a interdependencia, poder frente a legitimidad. Comprenderla exige mirar más allá de los discursos oficiales, leer sus contradicciones internas y conectar sus decisiones con el tablero mundial.

Porque lo que ocurre en Rusia no es un asunto lejano: afecta al precio de la energía, a la seguridad de Europa, al equilibrio de Asia y a la arquitectura global. En Internacional, nos proponemos desentrañar esas dinámicas con profundidad, conscientes de que entender a Rusia es entender una parte esencial de nuestro tiempo.