¿Apocalipsis de sorpresa? Consejos psicológicos para aislarse.
Título: Consejos para el confinamiento
Autor: DW Español
Fecha: Junio 19 2020
Consejos psicológicos para convivir cuando el mundo se apaga
Por: Laura Arellano
Hay momentos en que todo se detiene. El aire pesa distinto, los relojes se vuelven inútiles, y una especie de silencio antiguo se instala entre las paredes. Puede que afuera haya un ataque, una nube química, una enfermedad invisible, o una piedra cayendo del cielo. Pero adentro, lo que queda somos nosotros. Los cuerpos, el miedo, y una leve necesidad de seguir siendo humanos.
Por eso, esto no es una guía de supervivencia. Es más bien una forma de recordar cómo no perdernos entre el ruido del fin. Cómo vivir, incluso cuando vivir parece un gesto extraño.
EL ESPACIO
Conviene empezar por lo que se toca. El lugar donde estás puede ser una habitación, una cocina, un sótano, un baño. No importa tanto el tamaño como la manera en que lo habitas. Quita lo que sobre. No lo hagas por orden, sino por respiración: cada objeto que sale deja un poco más de aire. Deja cerca lo que te sostiene: una taza, un libro, un trozo de tela que reconozcas al tacto.
Pon atención al olor del espacio. A cómo cambia según el día o la humedad. A veces basta abrir una rendija, o encender una vela, para que la atmósfera se vuelva más habitable. El refugio no es solo protección: también es una forma de belleza. Hay que cuidarla, como se cuida una planta que crece sin sol.
El refugio no está en los muros, sino en la forma en que los habitamos.
EL TIEMPO
En el aislamiento, el tiempo deja de obedecer. Se estira, se pliega, se hace espeso. No trates de medirlo: acompáñalo. Marca el paso de los días con gestos que te anclen —preparar el café, estirar los brazos, escribir una frase en un papel, regar algo aunque no crezca—. Esos pequeños actos son brújulas.
Habrá días que parecerán eternos y otros que se disuelvan antes del mediodía. No te culpes por no “aprovechar el tiempo”. En el encierro, el tiempo no se aprovecha, se habita. Aprender eso es una forma de libertad.
Cuando el mundo se detiene, el tiempo se desnuda: solo queda el pulso de lo que somos.
LA CONVIVENCIA
Si compartes el encierro con otros, la convivencia se vuelve una coreografía delicada. Cada gesto cuenta: una mirada puede herir o consolar. Habrá momentos en que el silencio sea lo más amoroso que puedes ofrecer. Habrá otros en los que una palabra, dicha a tiempo, sostenga el ánimo de todos.
Aprende a retirarte sin desaparecer. Aprende también a ofrecerte sin invadir. En espacios cerrados, el amor se prueba en los márgenes: cómo dejamos respirar al otro, cómo nos disculpamos sin orgullo, cómo sabemos callar a tiempo.
Si estás sola, la convivencia cambia de forma pero no de fondo. Estás contigo, y eso también es compañía. Escúchate sin juicio. Habla en voz alta si hace falta. Canta aunque desafines. Escribir puede ser una forma de conversar con quien aún no conoces. No hay aislamiento absoluto mientras haya palabras.
Estar juntos en el encierro es aprender el idioma silencioso del cuidado.
Título: 5 tips para el confinamiento
Autor: Alma Montessori
Fecha: 25 de marzo 2020
EL CUERPO
El cuerpo se convierte en medida del mundo. Al principio quizá sientas cansancio, irritación, o una especie de vértigo. Déjalo pasar. El cuerpo se adapta, pero necesita atención. Bebe agua despacio. Come sin prisa. Respira hondo, incluso si el aire parece denso.
Muévete un poco cada día: estira los brazos, haz círculos con el cuello, toca tus rodillas. No para mantenerte en forma, sino para recordarte que estás viva. Si compartes espacio, busca formas de contacto: un abrazo, un roce en la espalda, un gesto pequeño que diga “estás aquí conmigo”. Si estás sola, toca las cosas que te rodean con ternura: el vaso, el suelo, la ropa limpia. Todo eso también es mundo.
El cuerpo recuerda lo que la mente olvida: que seguimos vivos.
EL MIEDO
El miedo no se vence, se escucha. Cuando llegue —porque siempre llega—, siéntate con él. Pregúntale qué necesita. A veces solo quiere ser nombrado. Otras, pide que apagues las noticias y cierres los ojos un rato. No le des poder, pero tampoco lo niegues. El miedo es una forma torcida de amor por la vida.
Comparte tus temores si puedes. No para contagiarlos, sino para aligerarlos. Cuando se dicen, pierden filo. Cuando se callan demasiado, se pudren dentro.
El miedo es un huésped que pide voz, no permiso.
LA ESPERANZA
No esperes que sea luminosa. A veces la esperanza es apenas un hilo, una respiración tranquila, una canción que se repite en la mente. Hay días en que basta con pensar: “aún no ha terminado”. Y no, no ha terminado.
La esperanza se cultiva con gestos mínimos: encender una vela, preparar algo rico aunque no haya nadie más, abrir una libreta y escribir una lista de cosas que aún te gustaría ver. No hace falta creer en un futuro radiante, solo en la posibilidad de otro amanecer.
La esperanza no brilla: respira.
OTROS ARTÍCULOS
Fin del mundo según Nostradamus
¿Explosión nuclear o ataque químico? Estos son los protocolos.
Refugio nuclear casero, la solución «Última Esperanza».
¿Apocalipsis de sorpresa? Consejos psicológicos para aislarse.
La historia de «El Anticristo»: bestias del Apocalipsis.
LA COMUNICACIÓN
Busca formas de mantener la voz viva. Un mensaje, una llamada, una nota bajo la puerta. Incluso si el contacto es escaso, el simple acto de tender la mano (aunque sea virtualmente) nos recuerda que seguimos siendo parte de algo más grande. Si no hay nadie al otro lado, háblale al aire. El aire también escucha.
Toda palabra lanzada al vacío busca una mano que la recoja.
EL ARTE
El arte no es un lujo cuando el mundo se apaga: es una necesidad. Lee en voz alta aunque no haya luz suficiente. Escucha una canción antigua y deja que te tiemble el cuerpo. Dibuja con lo que tengas, canta bajito, inventa historias absurdas. No hace falta talento, solo ganas de crear una rendija en la oscuridad.
Porque el arte, incluso el más torpe, es la prueba de que seguimos intentando comprendernos.
Crear es encender una cerilla dentro del apagón.
EL DESPUÉS
Nadie sabe cuánto dura un “fin del mundo”. Algunos acaban en silencio; otros, en resurrección. Pero de todos se sale distinto. Lo importante no es volver igual, sino volver más conscientes de lo frágil y lo hermoso que era todo.
Cuando llegue el momento —cuando abras la puerta y el aire huela a polvo y promesa—, sal despacio. Mira alrededor. No te apresures a entenderlo todo. Bastará con dar las gracias, con sentir el suelo bajo los pies.
De cada fin del mundo se sale distinto, pero con el mismo deseo de volver a tocar la vida.

Por Laura Arellano
Graduada en Artes por la Universidad de Sevilla y Máster en Escritura Creativa por la Universidad Complutense de Madrid, Laura creció entre libros, museos y canciones compartidas con auriculares. Su mirada mezcla lo sensible y lo analítico, y su formación se refleja en una escritura que observa lo estético sin olvidar lo humano. Laura, como todos nuestros experimentos, es producto del diálogo entre un humano y un humanoide.




