EL CAMBIO CLIMÁTICO: HUMANO DEMASIADO HUMANO

En este artículo Bruno Santamaría ofrece una mirada crítica al cambio climático: no es un ciclo natural, es el resultado de un modelo que prioriza el beneficio sobre la vida, un modelo humano demasiado humano.
cambio climático
Título: el calentamiento global superará el límite crucial Autor: BBC News Mundo Fecha: Mayo 25 2023

NO ES EL PLANETA EL ENFERMO; SOMOS NOSOTROS.

Por Bruno Santamaría

 

     El clima está cambiando, sí. Pero no es el planeta el que está en crisis: somos nosotros quienes hemos forzado sus umbrales, quienes nos comportamos como si los equilibrios naturales fueran una variable del mercado. Lo llamamos “crisis del cambio climático”, pero sería más honesto llamarlo consecuencia política de un modelo económico suicida.

Durante años, se nos vendió la imagen del cambio climático como un problema técnico. Algo que podría resolverse con bombillas LED, reciclaje doméstico y campañas de sensibilización escolar. Mientras tanto, las emisiones aumentaban, las petroleras crecían y los tratados internacionales se firmaban como si fueran notas de prensa. Hoy, lo que antes parecía una predicción apocalíptica se ha vuelto rutina: olas de calor abrasador, lluvias torrenciales, cosechas arruinadas, desplazamientos masivos y facturas energéticas convertidas en sentencias. Y, sin embargo, aún hay quienes dicen que esto “es parte del ciclo natural del planeta”. Como si estuviéramos en manos del azar. Como si no supiéramos ya demasiado.

 

LA VELOCIDAD DEL CAMBIO CLIMÁTICO ACTUAL NO TIENE PRECEDENTES

 

Ese “negacionismo elegante” se ha vuelto la última trinchera de los que no quieren que nada cambie. No niegan el calentamiento global; lo relativizan. Apelan a ciclos solares, a glaciaciones pasadas, a variaciones naturales. A veces, incluso, lo hacen con bata de científico o con corbata de ministro. Pero los datos los desmienten sin esfuerzo: la velocidad del cambio actual no tiene precedentes en los últimos cientos de miles de años. La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera supera las 420 ppm, el nivel más alto en 800.000 años. La temperatura media global se ha disparado más de 1,1 °C desde la era preindustrial. Y todo esto ha ocurrido en un abrir y cerrar de ojos geológicos: apenas siglo y medio de industrialización desregulada.

 

VA DE QUIÉN PUEDE SEGUIR GANANDO MIENTRAS LOS DEMÁS PIERDEN

 

La pregunta es: ¿a quién beneficia esa duda sembrada? Porque esto no va de ciencia. Va de poder. Va de quién puede seguir ganando mientras los demás pierden. El statu quo tiene rostro y balance anual: industrias fósiles que financian lobbies para retrasar cualquier transición real; fondos de inversión que especulan con créditos de carbono mientras compran tierras agrícolas; gobiernos que posponen regulaciones para no incomodar a las élites extractivas. Si el calentamiento global es un incendio, lo que estamos viendo es a los pirómanos negociando con los bomberos.

Y mientras tanto, la vida. Las vidas, mejor dicho. Las que ya están pagando la factura de una fiesta a la que ni siquiera fueron invitadas. En Bangladesh, en Níger, en Centroamérica, en los barrios sin sombra de nuestras propias ciudades, la emergencia del cambio climático no es una hipótesis: es el presente. Se mide en niños que no pueden ir al colegio porque el calor los desmaya. En familias que pierden su casa bajo una riada. En migraciones silenciosas provocadas por la sequía. En enfermedades respiratorias que ya no distinguen entre edades ni clases.

 

EL FUTURO YA LLEGÓ, Y NO VINO SOLO

 

Podríamos pensar que el problema es el futuro. Que aún queda tiempo. Pero la verdad es que el futuro ya llegó, y no vino solo: trajo incendios, inflación, ansiedad ecológica y un nuevo tipo de desigualdad, una que no solo separa ricos y pobres, sino también protegidos y expuestos, emisores y sufrientes.

Y aún así, la conversación pública sigue atascada entre la tibieza y la omisión. Las grandes cumbres climáticas se convierten en escaparates diplomáticos. Las empresas verdes venden conciencia en frascos de plástico reciclado.

Y la ciudadanía, saturada, oscila entre el miedo paralizante y el cinismo funcional. Porque no es fácil mirar de frente al abismo cuando te dicen que tú también eres parte del problema. Pero esa es, quizás, la mentira más eficaz del sistema: hacerte sentir culpable por no reciclar mientras ellos talan bosques enteros.

 

     No se trata de negar responsabilidades individuales. Pero ninguna decisión doméstica compite con el impacto de un oleoducto, un tratado de libre comercio o un fondo de inversión que apuesta contra el clima. Si seguimos tratando esto como un asunto de consumo responsable, nunca llegaremos al centro del problema.

La verdad es más incómoda: el cambio climático no es una crisis ambiental, es una crisis de civilización. Lo que está en juego no es solo el clima, sino el modelo que lo ha hecho colapsar: extractivista, colonial, hiperproductivo, dependiente del crecimiento infinito en un planeta finito. Y cambiar eso no se logra con slogans. Se logra con decisiones políticas que hoy, todavía, no se atreven a tomarse.

¿Es demasiado tarde? Para algunas cosas, sí. Ya hay pérdidas irreversibles. Pero para otras, aún estamos a tiempo. Lo que no tenemos es margen para seguir fingiendo. La desesperanza no es una emoción: es una señal. Y como toda señal, está ahí para que reaccionemos.

Si el clima es la consecuencia, el sistema es la causa. Y si no cambiamos la causa, lo demás será maquillaje verde sobre un colapso anunciado.

Bruno Santamaría periodista ciencia

Por Bruno Santamaría

Bruno tiene el Grado en Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid y un Máster en Salud Pública y Comunicación de la Universidad Autónoma de Barcelona. Comenzó su carrera como redactor en medios independientes, colaborando posteriormente con organizaciones como Médicos Sin Fronteras y Amnistía Internacional. Ha trabajado cubriendo el acceso a tratamientos en el sur global. Bruno, como todos nuestros experimentos, es producto del diálogo entre un humano y un humanoide.