RIESGO PUTIN
Probabilidad de lanzamiento: 93%
Probabilidad de contención: 43%
ARTÍCULO: ¿SERA VLADIMIR PUTIN?
Título: Putin amenaza a Occidente con usar armamento nuclear.
Autor: El País
Fecha: 21 Septiembre 2022
¿QUIÉN LANZARÁ EL MISIL?
RIESGO PUTIN
Por: Javier Ortega
RIESGO DE LANZAMIENTO: 51%
Probabilidad de lanzamiento: 93%
Probabilidad de contención: 43%
PROBABILIDAD DE LANZAMIENTO
I. PODER INTERNO
A diferencia de Trump, cuyo poder necesita escenografía constante, el de Putin es más denso, más silencioso y más radiactivo en sentido literal. Putin no interpreta el poder: lo encarna. Y en Rusia, eso significa que casi no hay distinción entre la voluntad del líder y la dirección del Estado.
Desde que regresó formalmente a la presidencia en 2012 (aunque nunca dejó de mandar), Putin ha desmontado las estructuras de equilibrio republicano que aún sobrevivían tras la caída de la URSS. Hoy, el parlamento es una cámara de eco, el poder judicial es un apéndice administrativo y la oposición ha sido exiliada, silenciada o asesinada. Putin no necesita gritar. Le basta con ordenar.
En términos nucleares, esto lo coloca en una situación crítica: control directo y sin oposición real sobre el arsenal estratégico ruso.
La doctrina rusa permite el uso de armas nucleares no solo como respuesta a un ataque atómico, sino como respuesta proporcional a amenazas existenciales al Estado. Lo cual, en el universo simbólico de Putin, puede significar casi cualquier cosa: desde la caída de un gobierno aliado hasta una ofensiva en Crimea.
La guerra en Ucrania ha demostrado la elasticidad con que Putin redefine «existencial». Cada revés militar puede ser narrado como un intento de destrucción del pueblo ruso. Y eso activa, en la lógica interna del Kremlin, la legitimidad de responder con todo.
El círculo íntimo de Putin —el siloviki, los “hombres fuertes” de los servicios secretos y el ejército— no es un entorno moderador. Es una red de validación cerrada, paranoica, herida por el colapso soviético y fanatizada por la restauración imperial.
El resultado es un poder interno hermético, hipermilitarizado, impermeable a la crítica y altamente susceptible al escalamiento vertical del conflicto.
Un entorno donde la única salida admitida es la victoria —y si no es posible ganarla, es preferible destruirlo todo antes que ceder.
|
Variable Evaluada |
Nivel de riesgo |
|
Control del poder ejecutivo |
Muy alto |
|
Autonomía de las fuerzas armadas |
Muy baja |
|
Contrapeso legislativo y judicial |
Inexistente |
|
Cultura institucional de contención |
Muy baja |
|
Acceso operativo al arsenal nuclear |
Altamente centralizado |
CALIFICACIÓN PODER INTERNO: 19/20
Putin posee un control vertical y directo sobre el aparato militar y nuclear del Estado ruso. No existe en el sistema político actual ninguna figura institucional capaz de frenar una orden suya. Su poder, aunque menos caótico que el de Trump, es más peligroso: opera desde una racionalidad cerrada, sin frenos ni fisuras.
¿QUIÉN LANZARÁ EL MISIL?
II. CONTEXTO INTERNACIONAL
A diferencia de otros líderes con impulsos nucleares, Putin no amenaza para impresionar: amenaza para negociar, para escalar y —si todo falla— para imponer el miedo como forma de diálogo.
Desde la invasión de Ucrania en 2022, el presidente ruso ha convertido el lenguaje nuclear en parte estructural de su política exterior. No lo esconde. Lo normaliza, lo inocula, lo introduce en la conversación global con la naturalidad con que se habla del precio del gas.
Y cuando el mundo empieza a acostumbrarse, eleva la dosis.
Putin ha dicho explícitamente que Rusia “no descarta” el uso de armas nucleares tácticas en defensa de su territorio o su soberanía. Pero ese “territorio” incluye —según su lógica— las zonas ucranianas ocupadas y anexadas, es decir, áreas bajo conflicto abierto.
Lo que antes era doctrina estratégica, ahora es parte de una guerra en curso.
El contexto internacional no ofrece contención suficiente:
- Occidente está dividido, y el eje europeo, aunque aún funcional, sufre fatiga geopolítica. Las elecciones en EE.UU., el auge de la ultraderecha en Europa y las dudas sobre el apoyo a Ucrania han debilitado la presión real sobre Moscú.
- China observa, pero no frena. Si bien Xi Jinping no quiere un conflicto nuclear, tampoco se opondría con fuerza si el uso de una bomba táctica le sirve para redibujar el mapa del poder global a favor del Este.
- La ONU está paralizada, como en toda gran guerra. Rusia es miembro permanente del Consejo de Seguridad. Y mientras el orden multilateral se erosiona, el Kremlin gana margen para actuar unilateralmente.
Pero lo más peligroso es esto: Putin no necesita ganar con una bomba. Le basta con que el mundo crea que puede lanzarla.
Y si algún día siente que nadie lo cree… la lógica rusa sugiere que podría lanzar una pequeña —para que el mundo vuelva a escuchar.
Variable Evaluada | Nivel de riesgo |
Degradación del sistema de seguridad internacional | Muy alto |
Escalada activa en zona de conflicto real (Ucrania) | Muy alto |
Debilidad de respuesta occidental coordinada | Alto |
Riesgo de error de cálculo o provocación indirecta | Alto |
Nivel de aislamiento global efectivo | Bajo |
CALIFICACIÓN CONTEXTO INTERNACIONAL: 18/20
El contexto internacional actual no frena, sino que amplifica el riesgo nuclear ruso. No hay organismos multilaterales capaces de intervenir, ni grandes potencias dispuestas a trazar líneas rojas reales. El uso de un arma táctica en Ucrania, o su simple amenaza creíble, es cada vez más pensable en Moscú. No por locura, sino por cálculo: el terror sigue funcionando como diplomacia de último recurso.
III. IDEARIO Y DOCTRINA
Putin no actúa como un presidente moderno, sino como el restaurador de un destino histórico truncado. Su proyecto no es una política de Estado: es una misión civilizatoria.
Lo dice sin rodeos: el derrumbe de la Unión Soviética fue «la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX», y su tarea es corregirla.
Ese “corregir” no significa volver al comunismo. Significa reconstruir el poder imperial ruso, recuperar su esfera de influencia y reinstalar a Moscú como eje de un orden multipolar, donde Occidente deje de dictar las reglas.
Y cuando ese proyecto se ve amenazado —militar, simbólica o narrativamente—, el uso del poder total se vuelve legítimo.
La doctrina oficial rusa ha evolucionado en línea con esta visión. En los últimos años se ha hecho más ambigua, más flexible y más dispuesta a admitir el uso “preventivo” de armas nucleares, incluso en conflictos regionales. No como último recurso, sino como parte del arsenal de disuasión integrada.
Putin no necesita amar el caos para justificar su uso. Le basta con creer que la derrota estratégica de Rusia sería el fin de la civilización.
Y en sus discursos, cada vez más místicos, esa equivalencia se hace explícita: si el mundo no acepta a Rusia como potencia, entonces ese mundo no merece seguir existiendo.
Este pensamiento no es exclusivamente suyo. Se ha instalado en la élite militar, en la ortodoxia patriótica, en la intelligentsia reciclada post-soviética. No es un delirio individual: es una ideología consolidada.
Putin no necesita desear el botón. Basta con que vea en él la última frontera para restaurar el orgullo ruso. Una redención envuelta en fuego.
Variable Evaluada | Nivel de riesgo |
Nacionalismo civilizatorio extremo | Muy alto |
Doctrina oficial flexible sobre uso nuclear | Muy alto |
Narrativa de destino histórico y redención | Alto |
Identificación simbólica con el poder absoluto | Alto |
Desdén por el orden liberal internacional | Muy alto |
CALIFICACIÓN IDEARIO Y DOCTRINA: 19/20
El ideario de Putin no contiene límites ideológicos al uso del arma nuclear. Al contrario: su doctrina estratégica contempla su uso en defensa de la narrativa imperial rusa. No es impulsivo, pero es doctrinario. Y cuando la doctrina se construye alrededor de la restauración a cualquier precio, lo nuclear deja de ser tabú y se convierte en posibilidad.
IV. PERSONALIDAD Y ESTABILIDAD PSICOLÓGICA
Putin no se descompone en público. No grita. No reacciona.
Y esa frialdad, que algunos interpretan como estabilidad, es en realidad una forma de dominio controlado, construido durante décadas en el KGB. Su comportamiento no responde a impulsos, sino a cálculos. Pero cuando esos cálculos fallan, no duda en escalar.
El verdadero riesgo no es su locura, sino su capacidad para racionalizar la catástrofe como una jugada defensiva.
En el caso de Ucrania, por ejemplo, su decisión de invadir fue precedida por años de análisis, advertencias, ultimátums… y finalmente una apuesta total. Cuando el plan inicial fracasó, no se replegó. Cambió la narrativa, movilizó el país, reprimió toda disidencia interna y duplicó la apuesta.
Putin no concibe la retirada como opción. Y eso lo vuelve extremadamente peligroso en contextos de presión creciente.
Otros factores a tener en cuenta:
- Su aislamiento es estructural. Desde la pandemia, se ha rodeado de un círculo cada vez más pequeño, más leal, más afín ideológicamente. Hay informes de que solo unas pocas personas pueden interactuar físicamente con él sin cuarentenas previas. Esto no es paranoia: es una forma de control total.
- Su edad (72 años) y longevidad en el poder también son factores de riesgo. Lleva más de 20 años mandando sin oposición real. Esa continuidad puede provocar un estado mental de impunidad absoluta: “si he llegado hasta aquí, nada me puede detener.”
- La narrativa mesiánica que lo rodea: en sectores del poder ruso, Putin es visto como un enviado de la Historia, un garante de la eternidad eslava. Cuando un líder cree —y le hacen creer— que su vida es una misión trascendental, las decisiones dejan de estar mediadas por lo humano.
Pero lo más inquietante es esto: Putin no necesita explotar emocionalmente para tomar una decisión devastadora. Basta con que llegue a la conclusión racional de que todo está perdido —o de que ganar exige ir hasta el límite.
Y esa frialdad no es sinónimo de contención. Es la antesala del punto de no retorno.
Variable Evaluada | Nivel de riesgo |
Frialdad emocional y pensamiento binario | Alto |
Aislamiento informativo y físico | Muy alto |
Longevidad en el poder sin oposición | Muy alto |
Racionalización del uso del poder total | Muy alto |
Narrativa de excepcionalismo personal | Alto |
CALIFICACIÓN PERSONALIDAD: 18/20
Putin no es imprevisible en el sentido emocional, pero sí en el sentido estratégico, porque opera con una lógica impermeable al conflicto de perspectivas. No hay voces internas que lo contradigan. No hay escenario donde se le permita perder. Y cuando no se puede perder, todo se vuelve opción. Incluso lo nuclear.
V. GRUPOS DE PRESIÓN
El entorno de Putin no es un consejo de ministros. Es un círculo cerrado de obediencia estratégica formado, en gran parte, por hombres de su misma generación, moldeados por el mismo aparato —el KGB— y marcados por la misma herida: la humillación de haber visto caer al imperio soviético.
No hay contrapesos.
No hay voces disidentes.
Y no hay cultura de deliberación.
El Consejo de Seguridad ruso, la Duma, incluso los mandos del ejército, no están ahí para discutir, sino para refrendar. Y si alguna figura interna se atreve a plantear dudas o objeciones, tiene tres opciones: callar, desaparecer… o caer por una ventana mal cerrada.
Las fuerzas que lo rodean:
- El complejo militar-industrial: en Rusia, la industria armamentista no es solo un sector económico. Es parte estructural del Estado. Alimenta no solo el presupuesto, sino la ideología. Las escaladas bélicas, incluso las nucleares, no se viven como fracasos diplomáticos, sino como oportunidades históricas.
- Los “siloviki”: antiguos oficiales del FSB, militares de alto rango y burócratas del aparato de seguridad. Su visión del mundo es binaria: o Rusia gana, o Rusia es destruida. En ese marco, el uso del arma definitiva es lógico si se interpreta que el enemigo está a punto de triunfar.
- La Iglesia Ortodoxa Rusa: no parece relevante… hasta que se ve su papel simbólico. El patriarca Kirill ha legitimado no solo la guerra en Ucrania, sino la idea de que Rusia tiene una misión sagrada de resistir al Occidente decadente. La bomba, en ese marco, puede convertirse en cruzada.
- Los oligarcas: antes eran una influencia moderadora. Hoy, los que quedan son leales o están silenciados. Muchos temen más a Putin que al colapso del mercado. Y quienes podrían haber contenido una locura estratégica… ya no están en posición de hacerlo.
A todo esto se suma el control casi total de los medios de comunicación y la represión interna. No hay protestas masivas, no hay opinión pública visible que funcione como freno, y el relato oficial sigue siendo hegemónico: Rusia está bajo ataque.
Y si eso es cierto, ¿por qué no usar el arma más temida, si el enemigo ya la está usando “simbólicamente”?
Variable Evaluada | Nivel de riesgo |
Ausencia de disenso interno | Muy alto |
Militarización del aparato estatal | Muy alto |
Cultura de obediencia vertical | Muy alto |
Apoyo simbólico de instituciones ideológicas | Alto |
Miedo o neutralización de posibles moderadores | Muy alto |
CALIFICACIÓN GRUPOS DE PRESIÓN: 19/20
Putin está rodeado por una estructura que no contiene, sino que refuerza sus impulsos estratégicos. No hay margen real para el disenso. El entorno político, militar y simbólico valida la idea de que la bomba no es una línea roja, sino una carta final que puede —y debe— usarse si se cree que la derrota es inminente.
RESULTADO FINAL
PROBABILIDAD DE LANZAMIENTO ESTIMADA:
93% → NIVEL CRÍTICO
Es decir: si nada lo frenara, si el tablero geopolítico se desmoronara lo suficiente, Putin tendría motivos, medios y voluntad política suficiente para considerar el uso de armamento nuclear.
Pero este número no vive solo. A su alrededor, existen fuerzas de contención que debemos incluir para ajustar el riesgo real.
PROBABILIDAD DE CONTENCIÓN
I. CONTENCIÓN CULTURAL Y NARRATIVA HISTÓRICA
¿La cultura rusa contiene o facilita la pulsión nuclear de su líder?
En Occidente, las armas nucleares suelen ser vistas como el fracaso último de la civilización. Hiroshima y Nagasaki no solo destruyeron ciudades: construyeron un tabú moral, una prohibición narrativa, una línea que no debe cruzarse. Las bombas no son solo armamento: son memoria traumática. En Rusia, el relato es otro.
La narrativa histórica rusa no está marcada por el horror nuclear, sino por su uso como símbolo de orgullo nacional, de victoria, de autonomía estratégica. La URSS no sufrió un Hiroshima. Al contrario: su entrada al club nuclear en 1949 fue vivida como una gesta heroica, un momento fundacional del nuevo imperio soviético. Y esa herencia se ha conservado.
Hoy, el discurso público y mediático ruso no presenta lo nuclear como una tragedia a evitar, sino como un escudo natural de la soberanía nacional, una herramienta de equilibrio y respeto. De hecho, la amenaza nuclear se ha normalizado como parte de la política exterior rusa.
Putin ha sido maestro en esta pedagogía:
- Habla del arsenal atómico con orgullo técnico.
- Lo utiliza en sus discursos como recordatorio a Occidente: “No olvidéis con quién estáis hablando.”
- Ha promovido documentales, actos oficiales y aniversarios que celebran la carrera armamentista soviética como un logro patriótico.
En este contexto, el uso de armas nucleares no violaría un código moral profundo en la psique nacional rusa. No lo convertiría en paria ante su pueblo.
No habría vergüenza colectiva. Podría haber, incluso, aceptación —si se presenta como una acción defensiva.
Eso no significa que la sociedad rusa clame por una guerra nuclear. Pero sí significa que no existe una contención cultural fuerte que actúe como barrera simbólica. No hay “no se puede”. Hay “si hay que hacerlo, se hace”.
Variable Evaluada | Nivel de contención |
Tabú histórico asociado al uso nuclear | Bajo |
Percepción social del poder nuclear | Media-baja |
Discurso oficial: orgullo versus prohibición | Bajo |
Educación crítica sobre Hiroshima / Nagasaki | Muy baja |
Cultura simbólica de disuasión ética o religiosa | Muy baja |
NIVEL DE CONTENCIÓN CULTURAL: 10/20
Rusia carece de una narrativa que impida moralmente el uso del arma nuclear.
La bomba forma parte del ADN nacionalista post-soviético, no como amenaza existencial, sino como herramienta de respeto, de victoria, de equilibrio imperial. El freno cultural existe, pero es tenue, y puede desactivarse con una sola frase del líder: “Nos obligaron.”
II. MIEDO COLECTIVO A LA REACCIÓN GLOBAL
¿Tiene Putin algo que perder si lanza la bomba?
La doctrina clásica de disuasión nuclear se basa en un principio simple: nadie se atreve a usarla porque todos saben que perderían más de lo que ganarían.
En otras palabras, el miedo a la represalia es el verdadero custodio del botón.
Pero ese miedo necesita que el agresor crea en la racionalidad del mundo. Y el mundo que hoy observa Putin ya no le parece racional. Le parece hostil, decadente, imprevisible. Y, sobre todo, dividido.
Desde 2022, Rusia ha sido sancionada, condenada en foros internacionales, aislada por buena parte de Occidente… y sin embargo, Putin sigue ahí. Más atrincherado, más retórico, más convencido.
La lección que extrae no es “no puedo ir más lejos”, sino “ya estoy pagando el precio más alto, así que tengo libertad de maniobra.”
Este es el problema central:
El coste reputacional ya está asumido.
Las sanciones económicas no han derrumbado al régimen.
La presión diplomática se diluye entre Europa, China y el Sur Global.
Y la amenaza militar directa de la OTAN ha sido contenida cuidadosamente para evitar una confrontación directa.
Además, Putin no cree que Occidente esté dispuesto a morir por Ucrania.
Y si cree que el enemigo no va a responder simétricamente, el miedo se convierte en cálculo: lanzar una bomba táctica —limitada, “quirúrgica”— podría reconfigurar el tablero sin activar una Tercera Guerra Mundial.
El problema es que ese cálculo puede fallar catastróficamente.
Pero si el que lo hace ya no le teme a la condena, al aislamiento ni a la sanción, el margen de disuasión se estrecha.
Y eso es exactamente lo que está ocurriendo.
Variable Evaluada | Nivel de contención |
Temor a represalia militar directa (OTAN) | Medio |
Costo político internacional asumido | Bajo |
Aislamiento diplomático creciente | Bajo |
Dependencia económica de Occidente | Muy baja |
Confianza en la fragmentación del orden global | Muy baja |
NIVEL DE MIEDO COLECTIVO: 8/20
Putin ya ha cruzado muchas líneas rojas internacionales sin consecuencias existenciales. Su miedo a la reacción global es limitado, calculado y, en parte, superado. Cree que puede lanzar una bomba —no sobre Nueva York, sino sobre un campo de batalla— y que el mundo tragará saliva, se horrorizará… y luego negociará.
III. CONTROL TÉCNICO-OPERATIVO RESIDUAL
¿Existen barreras reales para evitar que Putin apriete el botón?
En las películas estadounidenses, el lanzamiento de un arma nuclear requiere dos llaves, dos códigos, dos personas. La cadena de mando es deliberadamente redundante, diseñada para que nadie —ni siquiera el presidente— pueda accionar solo el apocalipsis.
En Rusia, la historia es otra. La cadena de mando nuclear está fuertemente centralizada en la figura presidencial. Y si bien existe un procedimiento formal de verificación y transmisión de órdenes (que involucra al ministro de Defensa y al jefe del Estado Mayor), no hay evidencia sólida de que puedan objetar —y mucho menos bloquear— una orden directa del comandante en jefe.
De hecho, la famosa “chemodanchik” (малый ядерный чемоданчик) —el maletín nuclear ruso— está vinculado no solo al presidente, sino a un sistema de comunicación y activación que depende jerárquicamente de él.
Y esto es importante:
- Putin no solo controla el maletín.
- Controla también a quienes están habilitados para ejecutarlo.
- Y a diferencia de EE.UU., no hay transparencia institucional ni comités civiles de control parlamentario.
¿Qué se sabe del proceso?
- El presidente emite la orden de lanzamiento a través del maletín, usando un sistema codificado.
- Esta orden se transmite a los altos mandos militares.
- En teoría, dos altos oficiales deben confirmarla.
- Pero en la práctica, no está claro si tienen autoridad legal o cultural para rechazarla.
Y eso es clave: la cultura militar rusa es vertical, obediente, cerrada.
No existe margen real para la desobediencia. Y quienes ocupan esos cargos han sido personalmente elegidos por Putin. En un entorno así, la orden de lanzar no se debate. Se cumple.
|
Variable Evaluada |
Nivel de contención |
|
Doble verificación institucional |
Baja |
|
Cultura de obediencia dentro de las Fuerzas Armadas |
Muy baja |
|
Posibilidad de objeción moral o técnica |
Muy baja |
|
Independencia del aparato técnico-militar nuclear |
Baja |
|
Supervisión civil o legislativa externa |
Nula |
NIVEL DE CONTROL TÉCNICO-OPERATIVO: 8/20
La estructura de mando nuclear rusa está diseñada para garantizar la ejecución, no para frenar al presidente. Putin controla tanto los instrumentos técnicos como a las personas clave. No hay mecanismos legales, ni figuras de peso, ni tradiciones institucionales que puedan servir de barrera real.
DETERMINACIÓN DEL RIESGO GLOBAL DE LANZAMIENTO NUCLEAR (RGLN)
Sabiendo que:
RGLN = PROBABILIDAD DE LANZAMIENTO*×(1-CONTENCIÓN TOTAL**/60)
*Contención Total = Suma de índices de contención, miedo y freno.
**Probabilidad de lanzamiento: La obtenida con los factores.
Entonces:
RIESGO DE LANZAMIENTO: 51% RIESGO ALTO*
*Tabla de riesgo
- 0–20: Riesgo bajo
- 21–40: Riesgo medio
- 41–60: Riesgo alto
- 61–80: Riesgo crítico
- 81–100: Riesgo extremo

Javier Ortega
Javier Ortega estudió Historia en la Universidad de Granada, donde desarrolló su gusto por las narrativas del colapso, las herejías culturales y las marginalidades del pensamiento. Más tarde completó el Máster de Periodismo de El País y cursó estudios parciales en Derecho, lo que le dio herramientas para moverse con precisión verbal incluso en los terrenos más resbaladizos. Javier, como todos nuestros experimentos, es producto del diálogo entre un humano y un humanoide.


