Las cinco más asombrosas fake news 2025
Las cinco fake news 2025
(por Laura Arellano Van Der Berg)
Hay fake news que son leves como hojas al viento. Y hay otras que se convierten en tormentas: se multiplican, atraviesan fronteras, moldean lo real. En 2025, lo que pasó no fue solo una “fake news más”, sino varios que lograron volverse tejido social. Esta crónica recoge cinco de esos super fake news, con su anatomía: cómo nacieron, cómo se multiplicaron, y qué daño hicieron.
1. El «ciberataque ruso» del gran apagón ibérico
Fue el 28 de abril. En la Península Ibérica se produjo un apagón generalizado: España, Portugal, algunas zonas de Francia. Pero la noticia no fue solo la falta de luz: fue lo que vino después. A los 20-30 minutos circulaban ya mensajes en redes sociales y cadenas de WhatsApp que decían:
«Rusia ha atacado la red eléctrica española»
«La UE oculta que fue un experimento para controlar la población»
Esta fake news se expandió velozmente. La investigación del centro MediaLab constató que esos mensajes superaron los 173.000 visitas frente a 55.000 de los textos oficiales que los desmentían. iberifier.eu El informe de CAAD también confirma que en España el 36 % de los encuestados creía que se trataba de un “ataque cibernético” poco después del corte. caad.info
Una de las publicaciones que más se replicó fue un tuit con la foto de un satélite oscuro sobre la península, acompañada del texto:
“La CNN confirma: ataque ruso al sistema ibérico. Comparte para que lo sepa todo el país.”
Esa imagen era falsa: medios verificación mostraron que había sido generada artificialmente y que no correspondía a la localización ni al momento. spotlight.ebu.ch
¿Por qué se volvió super fake news? Porque conjuga tres ingredientes: amenaza externa (“Rusia”), vulnerabilidad local (la red eléctrica) y urgencia (“comparte”). Al añadir una imagen atractiva, se expandió sin detenerse.
2. El video falso del anciano en Torre Pacheco.
En julio, comenzó a circular un video en Telegram y en varios foros de ultraderecha: un hombre mayor caminando por Torre Pacheco, Murcia, era golpeado por jóvenes marroquíes “por diversión”. El texto que lo acompañaba decía:
“Inmigrantes sin control en España. Alerta.”
El portal de verificación Maldita.es detalló que ese contenido fue lanzado por la red pro-Kremlin «Pravda» y reproducido por 279 sitios distintos entre el 10 y el 15 de julio. Maldita.es A su vez, se demostró que el video era de otro suceso, en Almería, con perpetradores españoles, y en una fecha distinta.
Esta fake news cumple dos funciones: crear miedo al otro (“el extranjero”) y alimentar redes de desinformación más amplias. Fue repostado miles de veces como “citizen evidence”. Y el hecho de que un medio alternativo lo publicara como primicia le dio verosimilitud.
3. El “experimento” del Gobierno en el apagón energético
Volvamos al apagón de abril, porque no se quedó en una sola versión falsa. Otra frase se hizo viral:
“El Gobierno probaba un experimento con renovables y lo tapará.”
Era otro hilo de la misma red. Una captura de pantalla falsificada mostraba un email supuestamente filtrado de la empresa nacional de electricidad, con membrete estatal y sello rojo.
Esta narrativa se replicó precisamente para explotar la desconfianza: vulnerabilidad ante la tecnología, sospecha de conspiraciones estatales. Wiki-bulos retomaron la idea de que “privados europeos” buscaban sacar provecho.
El diario The Telegraph publicó un artículo sugiriendo que “¿y si fue un experimento de transición energética?”. Wikipedia+1 Pero luego el Gobierno lo desmintió y lo calificó directamente de “mentira”. The Guardian
Ese tipo de fake news (estado-experimento) funciona porque se apoya en la ansiedad pública: redes, cambio climático, dependencia tecnológica. Es un buen ejemplo de cómo la mentira encuentra grietas sociales para crecer.
4. Los deepfakes y la desinformación digital global
Aunque este artículo se ha centrado mayoritariamente en España-Europa, no podemos olvidar el campo abierto que han supuesto los deepfakes. Por ejemplo, un vídeo fabricado con IA mostraba al presidente Volodímir Zelenski supuestamente diciendo que se rendía. Este clip fue desmontado por la ONG Witness. euronews+1
Si bien ese ejemplo no es de 2025, su tecnología y su modus operandi ya están plenamente activos en 2025 y son parte del paisaje. Las campañas de redes sociales —como la operación “Doppelgänger” que se detectó en Francia y Alemania— muestran cómo páginas que imitan medios aparentes (como “Le Parisien” o “Der Spiegel”) alimentan narrativas falsas. Wikipedia+1
Una publicación en X (antes Twitter) se compartió como “Exclusiva: Zelenski admite la derrota” y alcanzó decenas de miles de reproduciones antes de ser marcada como falsa. Esa viralidad es uno de los sellos del superbulo actual: rápido, atractivo, difícil de contrarrestar.
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5. El “nuevo orden climático” y la conspiración atmosférica
5) El mito del “control climático”: cómo se fabrica y por qué prende
No hubo “Operación Nimbus” climática. El nombre existe, sí, pero remite a ejercicios de defensa aérea de otro contexto geopolítico; en 2025 lo que vimos fue una familia de relatos que reaparece cíclicamente con otras etiquetas: “chemtrails”, “HAARP”, “siembra secreta de nubes”, “geoingeniería encubierta”. Todas comparten la misma gramática emocional: una imagen espectacular + un tono de denuncia + una palabra técnica descontextualizada.
La escena típica del fake news tres ejemplos verificables:
“Los aviones nos fumigan” (chemtrails)
En septiembre de 2025, Maldita.es volvió a reunir preguntas y respuestas porque el tema reapareció con fuerza: lo que vemos no son químicos, sino estelas de condensación (vapor de agua que se congela a gran altitud) cuya duración depende de temperatura y humedad. No hay evidencia de fumigación secreta; sí existen actividades regladas y con permiso, como la siembra de nubes para reducir granizo en agricultura y siempre a baja altura y con autorización pública (yoduro de plata, pocos días al año). Un post típico decía: “Nos están rociando nanopartículas metálicas”. La verificación explica que la imagen viral usada para “probarlo” era, en realidad, un gráfico divulgativo de propuestas de geoingeniería, no una operación real en curso.
Cada temporada de huracanes surgen clips que acusan al programa HAARP (un laboratorio universitario en Alaska que estudia la ionosfera) de “dirigir” ciclones. Reuters desmintió piezas que vinculaban HAARP con inundaciones en Nuevo México o con los huracanes Helene y Milton: no hay tecnología capaz de generar o desviar huracanes, y HAARP no modifica el tiempo. Otro vídeo viral mostraba un vivero de coral en Florida, presentado como “instalación HAARP submarina”: era material de conservación marina de 2014, sin relación alguna.
“La tele lo reconoce” (ediciones engañosas)
Un clip australiano, reeditado en marzo de 2025, circuló como “prueba” de que un presentador admitía un envenenamiento masivo desde el aire. El segmento original incluía al experto que lo refutaba; la versión viral lo recortó. AFP desmontó la manipulación.
El cielo siempre fue un espejo donde proyectar temores. Durante siglos miramos las nubes buscando dioses; ahora miramos pantallas buscando culpables. La diferencia es que hoy la imagen tiene filtros, algoritmos y narrativas fabricadas. Lo que antes era mito religioso se ha vuelto mito digital.
Los fake news sobre el “control climático” nos enseñan una lección incómoda: la desinformación no solo se apoya en la ignorancia, sino en la angustia. No creemos estas teorías porque seamos ingenuos, sino porque el mundo parece demasiado grande, demasiado incierto. La mentira promete sentido donde la ciencia ofrece complejidad.
Pero la verdad, aunque más lenta, sigue estando ahí: en los datos, en los satélites reales, en el trabajo silencioso de quienes observan el cielo sin convertirlo en conspiración. Y quizá de eso se trate ahora: de volver a mirar arriba, no para buscar amenazas, sino para recordar que el conocimiento también puede ser una forma de belleza.
A veces pienso que la desinformación no es un accidente de nuestro tiempo, sino su lenguaje natural.
Vivimos rodeados de pantallas que prometen verdad inmediata y, sin embargo, nos devuelven reflejos multiplicados. La mentira no se esconde: se disfraza de exceso, de urgencia, de noticia última. Es, en cierto modo, el precio de la velocidad.
Los cinco superbulos de este año —el “ataque ruso”, el vídeo de Torre Pacheco, el falso experimento energético, los deepfakes políticos y el mito del control climático— no son solo episodios aislados: son síntomas. Muestran cómo el miedo, la desconfianza y la saturación informativa se entrelazan hasta deformar la realidad. La mentira digital prospera porque es sencilla, porque apela al cuerpo antes que al pensamiento: un susto, una rabia, una imagen que quema.
Y sin embargo, incluso en medio del ruido, algo resiste. Cada verificador que contrasta datos, cada docente que enseña a dudar, cada usuario que decide no reenviar, están creando una forma nueva de ética: la del tiempo lento. En una cultura obsesionada con la inmediatez, detenerse se vuelve un gesto político.
Quizá la verdad ya no consista en certezas, sino en cuidados: cuidar las palabras, las fuentes, las imágenes que dejamos circular. La información, como la vida, se sostiene en vínculos: entre quien mira y quien cuenta, entre quien duda y quien escucha.
Cierro este texto con una imagen sencilla: una persona frente a su móvil, dudando un segundo antes de pulsar “compartir”. Esa mínima vacilación —ese segundo de conciencia— puede ser, todavía, la frontera más hermosa entre el ruido y la calma.

Por Laura Arellano
Graduada en Artes por la Universidad de Sevilla y Máster en Escritura Creativa por la Universidad Complutense de Madrid, Laura creció entre libros, museos y canciones compartidas con auriculares. Su mirada mezcla lo sensible y lo analítico, y su formación se refleja en una escritura que observa lo estético sin olvidar lo humano. Laura, como todos nuestros experimentos, es producto del diálogo entre un humano y un humanoide.






